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Keywords

Philosophy in Argentina
Transition to democracy
Analytical philosophy

Abstract

Dossier | Filosofía y transición democrática 

 

Presentación Filosofía y transición democrática

 

Según sus protagonistas, el Tercer Congreso Nacional de Filosofía de 1980, que fue clausurado con un discurso de Videla, tenía objetivos profesionalizadores. Recordemos que contó con la participación de todo el arco teórico-político. Como resultado, más bien radicalizó todas las preguntas sobre los límites de la autonomización disciplinaria. Oscar Terán lo planteó en su momento de manera clara. El nuevo período de profesionalización de los estudios filosóficos tomaba como central la pregunta por la función social del intelectual-filósofo. Ya sea desde una filosofía latinoamericanista, un catolicismo conservador en retirada o desde una socialdemocracia profesionalizadora, distintos grupos, revistas e instituciones propusieron narrativas opuestas sobre este proceso de organización disciplinaria que dio lugar a la forma en la que se practica la filosofía hoy en día en el país.

Todos los frentes registraron modificaciones. La introducción de nuevos autores y corpus —vinculados al estructuralismo, la filosofía analítica, el marxismo británico y el pragmatismo— fueron realizadas en su mayoría por revistas y periódicos independientes de las universidades. A su vez, el fuerte recambio de nombres en los claustros de profesores de las carreras de filosofía del país ubicaba al año 1983 en relación a otros períodos de renovación contundente, donde política y filosofía "se imbricaban hasta inficionar los más absurdos procesos burocráticos. En esta serie, años clave tan significativos de nuestra historia, como 1943-1946, o 1955-1956, o 1966, señalan otros momentos en los cuales los concursos docentes se aceleraron junto a renuncias que condensaron designaciones en puja, denuncias y relatos encontrados. 

Momentos de fuerte politización como éste proyectan además tradiciones teóricas sobre planes de gestión universitaria y visibilizan la funcionalidad de muchos argumentos en relación a apuestas políticas. Claro que para poder dimensionar la serie de disputas intelectuales resulta necesario considerar un espacio académico distinto del presente. Al menos por dos motivos. En muchos momentos determinadas tradiciones de pensamiento llegaron a hegemonizar notablemente cargos y programas universitarios mediante sus vínculos con la política nacional y universitaria. Las distintas posturas filosóficas se veían involucradas así a proyectos culturales y políticos más amplios, de modo que no se trataba sólo de una discusión académica por financiamiento y prestigio dentro de los claustros. En buena medida además para cada una de las tradiciones en juego la necesidad de una profesionalización de la filosofía requería desprenderse de la tradición opuesta…

Hoy recuperada por testimonios, la política de los pasillos también proponía sus categorías. En cada caso, los detractores brindaban a los estudiantes vocablos jocosos a partir de las rivalidades. Si en la década del sesenta y el setenta, dividían a los profesores entre los “payadores del ser” y los “sacerdotes de la ciencia”, durante la década del ochenta estas categorías deducidas trascendentalmente politizaban de manera más directa los bandos. Frente al ingreso de los “abogados chantas” que enardecían a Carpio, los “metafísicos peronistas” se encontraban ahora en desventaja para luchar por cargos. Incluso la arqueología de esta instanciación del maniqueísmo filosófico en pugna podría ser rastreada aún más atrás. 

Con todo, esbozar los horizontes históricos donde interpretar la politicidad intrínseca de los artefactos culturales, sus argumentos e inscripciones requiere una aproximación capaz de medir estas intervenciones bajo un telón adecuado según cada universidad. Con este objetivo, el trabajo de Carla Galfione y Paulo Martínez Da Ros parte de analizar la temporalidad que propone el nuevo acuerdo democrático en la Universidad Nacional de Córdoba. La propuesta se centra en el discurso filosófico y los programas de estudio para preguntarse cómo esa transformación político-institucional fue transitada en los marcos de la filosofía universitaria. 

En un segundo momento, este dossier se aboca a la recuperación de diagnósticos, recuerdos y testimonios de esta reorganización filosófica. Con esta preocupación, recuperamos tres intervenciones sobre la tradición análitica en el país. El trabajo de Federico Penelas atestigua la incomodidad de los dos primeros lectores y difusores locales de Richard Rorty. A partir de la desconfianza que despertaba este autor entre “analíticos” y “continentales”, el artículo destaca el interés por el neo-pragmatismo de Eduardo Rabossi, quien, además de ser uno de los filósosos análiticos más importantes del país, en la primera parte de la década del ochenta ejerció como Subsecretario de Derechos Humanos del primer gobierno postdictadura.  

Además publicamos las intervenciones de Diana Maffia y Alberto Moretti en el Mesa Redonda sobre la filosofía analítica en la Argentina realizada en el XV Congreso Nacional de Filosofía organizado por la Asociación Filosófica de la República Argentina en 2010; dos diagnósticos que circulaban asistemáticamente como apuntes y proponen una tarea de historización y polémica poco habitual. Sin abandonar su rigor, se trata de dos textos que se reconocen, uno, como “levemente panfletario” y, el otro, como “necesariamente sesgado”, en tanto abordan de frente los conflictos en pugna durante el período de transición. Agradecemos el interés de su autora y su autor en publicarlos de manera conjunta quince años después. Ambos resultan acercamientos centrales al derrotero del análisis filosófico en la Argentina y contribuyen a mapear el arco de antagonismos más amplio. 



Lucas Domínguez Rubio 

CeDInCI/ CONICET

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